|
CARTA DESTINADA
Adivina quién soy,
soy nada.
Adivíname de nuevo,
soy todo.
Soy la suposición,
el olvido,
la rememoración,
yo mismo.
Soy yo,
volviendo a escribir,
a silabear,
casi absurdo,
casi vacilante,
tu nombre
o las iniciales
de tu existencia,
que alguna vez
dejé de ver
o de oír
en esta anónima vida.
Soy el meditar,
prolongado,
casi extinto,
casi oculto.
Soy el encerrarme a diario
entre tabiques ancestrales,
el olvidarme de mí mismo,
el caminar de espaldas al mundo,
el ser casi humano,
el ser muchos ayes,
el ser tantos peros,
la piel casi insensible,
la voz inexistente,
la mirada ausente,
en cada paso rutinario,
en cada rutina gris.
Ahora que ya lo sabes,
déjame susurrar
a los cuatro vientos
imaginarios,
los versos que hice
pensando en ti,
casi atrevidamente,
casi distraídamente,
conociéndote desde siempre
y desde nunca,
reconociendo tu voz
en este extraño mundo.
–Quien quiera que seas
y donde te encuentres,
recibe mis saludos ilusorios
y las gracias por tus recuerdos
en medio de tus olvidos.–
John Álex Cuéllar Irribarren. [Huánuco (Perú), 1979]
|